La llamada “nueva longevidad” está cambiando la forma de entender la vejez. Hoy, muchas personas sobre los 55 siguen activas, trabajando, estudiando, emprendiendo o explorando intereses que nunca habían tenido tiempo de atender. La idea de que la vejez es retiro, pasividad y sillón ya no encaja con esta generación.

Sin embargo, las estructuras de vivienda, trabajo y cuidado siguen pensadas para un modelo antiguo. Por eso aparecen tensiones: personas mayores que no encajan en residencias, pero que tampoco quieren seguir en el mismo lugar de siempre sin redes ni apoyo.

El cohousing senior surge como una de las respuestas más coherentes a esta nueva realidad. Combina autonomía, comunidad, naturaleza y acompañamiento en un formato que respeta la historia de vida de cada persona. No “estaciona” a los mayores, sino que les da un escenario para seguir viviendo con sentido.

En Chile, proyectos como La Casa de los Tatas muestran que es posible pensar la longevidad de otra manera: no como un cierre, sino como una etapa donde se puede seguir eligiendo cómo vivir, con quién y dónde.